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Mesa No.21

Un no lugar para compartir...
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La vida difícil de una función (borrador)

Tenemos algo abandonada la mesa. Pongo el borrador de una historia (que todavía no termina por gustarme del todo):

Soñé con un espacio de funciones cuadrado integrables. Era un mundo raro. Me encontraba, era un simple espectador, con la historia de la tragedia de una función. Cumplía con casi todas las características que toda función, en ese espacio, debía tener menos dos: no anticonmutaba ni se podía normalizar. Hablaba mucho con su dual. Esa función venía del extraño reino de las funciones duales, quienes también también formaban parte del espacio de las funciones cuadrado integrable.

La vida era difícil para esa función porque lo había intentaba todo. Se multiplicaba por pi, se dividía entre la raíz cuadrada de dos pi, entre otras cosas y no le funcionaba nada. No podía normalizarse. Algunas funciones amigas (cercanas) le sugiririeron varias veces que probara suerte en otros espacios pero ella siempre se negaba y suspiraba por encontrar el dual con quien finalmente pudiera normalizarse. Otros le decían que era cuestión que se mentalizara y que más temprano que tarde, encontraría la solución a su problema.

Por parte de sus funciones primitivas (supongo que sus padres o algún tipo de ancestro) le decían que buscara representar partículas bosónicas (las cuales igual que ella conmutaban) pero ella lloraba y les reprochaba que le quisieran impedir que realizara su sueño de ser una función -de onda- que representara fermiones pues ella creía firmemente en el principio de Pauli; porque ella no podía ocupar el mismo estado que otras funciones...

¡Ella sólo quería ser antisimétrica!
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Buena persona

Perdí mi licencia de manejar. Desde que me di cuenta confieso que temí encontrarme con tránsitos y militares. "¿Por qué no trae su licencia?" Imaginaba que me preguntarían. Me incomodaba la posible pregunta porque no había nada glamuroso que contar ningún asalto ni levantón ni nada. Es más ni hubo teiboleras que se hayan querido pasar de lanza bajándome mis papeles. No, todo fue un simple descuido.

El problema es que hoy se me fue la onda y yendo con prisa por Colegio Civil me salió un tránsito que estaba detrás de un poste. No estaba visible el señor. No tenía porqué estarlo, por otra parte, pues se debe conducir con cuidado de todos modos. El caso es que apareció, así como los militares de mi sueño, como fantasma. ¿Y si era el alma de un tránsito en pena? Quién sabe. Para ser fantasma fue muy real.

Claro, me regañó por la velocidad y la licencia. No le pareció divertido que como explicación de porqué no traía la licencia le hubiera dicho que no estaba perdida, andaba de parranda. Pidió respeto para la autoridad. Cumplía eficientemente con su trabajo, me contó, por eso me exigió respeto.

Me explicó que el trámite de una nueva licencia se complica porque hay que ir a reportarla perdida al ministerio público. Le quise decir que no anda perdida.... pero no me dejó. Me parece ridículo irla a buscar a las cantinas. ¿Y a qué hora voy? Imaginé que tendrían una vitrina especial para licencias perdidas. Sacó su libretita y empezó a anotar mis placas, mis datos, etc. Luego de repente encabronado la cierra y me dice: "¡No, a mi no me gusta perjudicar a la gente!". Casi me río. ¿De qué hablaba? Me informó que él es buena persona que no le gusta dañar a los demás. Por echarme la mano no me iba a dar la multa, sin compromiso, que si me quería ir lo podía hacer... pero que también pensara que podría dejarle para las cocas, verdad, porque está duro el calor. "Eh, pero es sin compromiso. No me vaya a perjudicar. No lo estoy obligando a nada". Me pareció muy chistoso que su gesto amistoso consistía en no pedir nada a cambio pero al mismo tiempo daba por hecho que le iba a dar varo.

Le agradecí mucho su honestidad, gracias a Dios existe gente como él, que sin pedir nada a cambio ayuda a los demás. Le di la mano. Creo que pensó que aprovecharía para darle lo de las cocas. Se sacó de onda aunque salió del momento de tensión recordándome que él es buena persona.
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Por eso nadie los quiere

Beto fue a buscar a su amiga Xiara. Como no la encontró se acomodó en un sillón y se tomó un par de cheves. En el rato que tardó en tomárselas dos veces se acercaron a saludarlo unas desconocidas. Las dos le preguntaron lo mismo. ¿Por qué tan solo? A las dos les contestó que estaba solo porque nadie lo quería. Ellas, las dos, se rieron por la exageración. Como respuesta sólo se encogía de hombros y le daba un trago largo a la cerveza y sonreía. Las dos, cada una por su parte, volvieron a preguntarle lo mismo: ¿y a qué te dedicas? Doy clases, les dijo. Ah, ¿y de qué? De Matemáticas. ¡Matemáticas! No, eso nunca se ma ha dado, cada una comentó lo mismo. Se rió y le dio otro trago a la cerveza. Le dijeron que nunca fueron buenas para las mates. Una le contó que era hábil en geografía, historia, etc. pero nunca para las matemáticas. Las dos siguieron hablando y terminaron diciendo que odiaron a sus profes de mate porque las hicieron sufrir. Beto, le dio otro a su cerveza y les dijo, ¿ya ven como no me quiere nadie? Se rieron mucho. Las dos estuvieron de acuerdo que no era para tanto que si fueran sus alumnas seguro lo amarían. Quién sabe, se rió. Se rió mucho pero seguramente lo odiaron cuando les dijo que no les iba a invitar una copa...

Cuando se fueron se quedó divertido imaginando que ellas pensaban pinches profes de mate por eso nadie los quiere.
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¿Qué hago aquí?

Es una historia reciclada (del verano del 2004):

No ha sido tan terrible después de todo. Sin embargo, ahorita podría estar en pleno vértigo y hasta emocionado, en la Cd. de México; y casi listo (es un decir) para la presentación del libro de Luis Felipe. A cambio de eso, estoy en el recibidor de mi casa, oyendo cómo acaban de desmadrar mi baño que… bueno, con o sin remodelación, esa madre se iba a terminar cayendo por sí solo; aunque no sabíamos cuando. Por este motivo se decidió ponerle un ultimátum: o te caes o te tumbamos. Creo que nunca, en la vida del sanitario, se portó más digno, pues decidió aguantar hasta el final a pesar de mi protesta/queja: “chin cabrón, era mi primer día de vacaciones…”

El punto es que aquí estoy bien divertido oyendo como torturan al azulejo que, solidarizándose con el baño, se niega a quebrarse. Como no permite que lo quiten, le pegan más duro y… ¡yo podría estar en México chingado!

Podría estar bien contentote caminando en la ciudad de la esperanza, con la esperanza que no me asalten (o cuando menos de no ser víctima de complot alguno), y de no perderme como la primera vez que me fui al cinvestav solo. Creo que Jorge nunca me dio señas más confusas como en esa ocasión; tan confusas que el Idrish gritó “¡se va a perder!”, mientras mi amigo le decía que no y que, además, era el camino más seguro… lo que no entiendo todavía es que necesidad había de tomar el metro si de todos modos tenía que subirme a un micro… pero esa era precisamente mi duda; si tomaba el micro en la avenida: ¿me bajaba en el primer o segundo semáforo? Lo curioso del asunto es que con quien quería hablar era con Alejandro pero nunca contestó. Menos mal que Idrish no sugirió que evocara al “poder mental” para que recordara si después de haberme bajado en el semáforo, y haber tomado la pesera que me dejaba en la avenida politécnico nacional, debía ir hacia la izquierda o la derecha.

Me armé de valor y me subí al primer micro que pasó. Me bajé en el segundo semáforo, donde tomé la siguiente pesera. Me aseguré que no dijera Margarita M. de Juárez (de ese detalle sí me acordaba, aunque la verdad nunca vi uno que mencionara el nombre de la esposa de Juárez, en fin), pasé por la plaza (¿las torres?) en donde hay un vips, pero después del hospital empecé a tener dudas porque el IPN comenzaba mucho antes de lo esperado. Creo que me bajé en la Av. Politécnico y ahí sí que ya no sabía muy bien qué hacer. Caminé y no reconocía nada, absolutamente nada. Tuve la ocurrencia de preguntarle a alguien que pensé era guardia y que al ser empleado, podría orientarme, y no, inesperadamente dijo no saber, y hasta me aseguró no haberlo oído nunca… ¿nunca? Nunca. En la desesperación le pregunté a un taxista. Sugirió que viera la numeración. Era mala idea, pero aún así busqué en mi mochila un sobre de unos papeles en donde traía la dirección del cinvestav. A él tampoco le sirvió de mucho porque tampoco se ubicaba.

Supongo que le contagié la prisa porque ofreció darme una vuelta por la avenida. No me cobró pero me sentí obligado a darle una propina. Lo chistoso es que al subirme al carro, mágicamente me ubiqué (además recordé dónde solía dar vuelta Alejandro). Ese día llegué media hora tarde a clase.

Otra ocasión que me perdí, fue por un acto solidario de parte de los estudiantes del Poli con los paristas (CGH) de la UNAM. Hubo un compañero que quiso hacer proselitismo a favor del paro, pero otro compañero de propedéuticos (que iba de Toluca) lo detuvo pronto: “ustedes nunca nos apoyan cuando los necesitamos”. Por más que lo intentó convencer no lo logró. Afortunadamente no lo intentó muchas veces, además no iba todos los días.

Entonces, ese día al salir del cinvestav a tomar el micro para regresar a casa, me encontré con un flujo impresionante de personas. Aunque no fue secreto, nunca me enteré (tampoco quise) de la fecha exacta de la marcha. De lo que sí me acuerdo, es que durante el día noté cierto nerviosismo en los edificios. Tengo la vaga idea de que en una de mis visitas a Flor (a pedirle café) alguien le preguntó si iría (nunca mencionaron explícitamente la palabra marcha, así que bien se pudo tratar de otra cosa). La cuestión es que en la salida me sorprendió la cantidad de gente, y admito que me angustió la duda de no saber qué hacer, pero lo que más temor me daba era que los camiones cambiaran su ruta habitual.

Sentí un cierto alivio cuando vi un camión en el lugar de siempre. Creo que aunque quisiera, no se podía mover pues el tránsito por la avenida politécnico era imposible. Sin embargo, el chofer tomó una decisión inesperada. Se fue en reversa hasta una calle desconocida (para mí) y así comenzó a cambiar su ruta. Llegó a Montevideo antes que los estudiantes (tampoco puedo asegurar que fueran a pasar por ahí). Mi primer error ocurrió que no me di cuenta cuando cruzamos el eje central. Me fijé cuando cruzamos otra avenida (que ahora no recuerdo como se llama) y pregunté si se regresaba o qué onda. Me bajé (bueno creo que nos bajaron)...ah, es que alguien le preguntó por el eje central y en ese momento me di cuenta que también a mí se me había pasado. Según yo nunca había pasado por ese lado (rumbo) de Montevideo, pero a la distancia creo que debo decir que sí, aunque como de costumbre no me fijé en ningún detalle o referencia… Hay una anécdota de un jugador del Racing de Avellaneda (equipo argentino) que después de hacer una jugada increíble (burlando a varios defensas) en lugar de festejar, le dio de patadas al suelo levantando tierra, dizque “para que no vieran por donde había pasado”. Creo que sí yo lo intentara no podría porque siempre voy pensando o poniéndole atención a otra cosa… yo no podría borrar mis pasos, me cae.

Así fue como me encontré en la otra avenida (después de como una hora) medio ubicado pero sin saber del todo por dónde podría llegar a la casa. Le hablé a Alejandro y su sugerencia fue que tomara cualquier camioncito que dijera “progreso”. En apariencia era sencillo, sin embargo, me subí en uno que decía “nuevo progreso”, cuando yo iba a “progreso nacional”. Me empecé a dar cuenta que no iba para el rumbo indicado cuando subimos a un puente que nos alejaba del lugar. Seguí con la duda durante un rato más y justo cuando me decidí a preguntarle a una pareja que se veía amable, éstos comenzaron a besarse. Más oportuno no pude ser.

Regresé al mismo lugar donde lo tomé, pues traté de convencerme que si en las computadoras sirve reiniciarlas, a lo mejor si yo volvía a entrar al toks, y le volvía a decir al gerente amable que no quería mesa, que necesitaba el teléfono para hablarle a la misma persona, y formularle la misma pregunta; cabrón, ¿cómo llego a tu casa?, me podría servir también. Supongo que lo desesperé porque terminó yendo por mí (no antes de burlarse).

Ese día quise todavía menos a los paristas...
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Amigo imaginario

Beto está poniendo examen. Escucha que un alumno está pensando en voz alta. Se inventa la historia que le platica a su amigo imaginario sobre el examen porque tss está bien difícil. Así permanecieron durante un buen rato y el diálogo entre el amigo y el alumno no tiene para cuando terminar. Entonces lo calla, le dice que está en examen (faltaba más). Le ponen jeta pero se calla. Sin embargo, la culpa le llega de pronto, ¿y si el amigo imaginario (de su alumno) se enoja con él?
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Puentes

Puntualidad

Nunca me había agradado tanto llegar puntual a alguna parte. Fue una puntualidad rara porque ni siquiera nos pusimos de acuerdo. Fue una casualidad. Llegué casi al mismo tiempo que el señor de los chicharrones. Ya no debo comerlos pero pedí unos para mantener vivas nuestras tradiciones. Me sorprendí al pedirlos con salsa.

Piensa en mí

Lo que intentaré hacer es una descripción (o algo parecido) de algunas cosas que sucedieron el día de hoy en el Bar Las Puentes. El Puentes es una cantina que está en el centro de la ciudad de Monterrey. A ese lugar voy desde 1998. El lugar no ha cambiado mucho. Cuando mucho el tarro de cerveza habrá aumentado cuatro pesos. Actualmente cuesta doce. No hay mucha variedad de bebidas pero las que hay no son muy caras. Tienen una radiola con canciones clásicas. Puedes encontrar desde Kiss hasta Rigo Tovar. A algunas de esas rolas les hemos cambiado la letra y las hacemos más divertidas.

Mientras escribía lo anterior me interrumpió un señor de la mesa de enfrente. Para esto yo quería sentarme en la barra pero descubrí que ya tengo lugar favorito y como estaba ocupado mejor me fui a una mesa (que al parecer también es mi favorita). Me puse a escribir y ahí fue cuando me interrumpió. Todo su jale era para decirme que me parezco a alguien que da clases en la facultad de contaduría en la metro. Ese alguien da clases de matemáticas. Sonreí y me limité a decirle mire usted qué casualidad, salud. Luego volteé a ver la televisión muda fingiendo ver con atención la joya cinematográfica de Rocky III. Seguí sonriendo porque me parece muy chistoso que la estrategia del personaje fuera la de recibir muchos golpes… la gracia consiste en que terminaba diciendo que él sabía lo que hacía pero eso no lo salvaba de la feroz putiza.

Al fondo, cuando me habló el tipo de la mesa de enfrente, se oía la canción que canta Luz Casal que lleva por nombre Piensa en mí. Eso me llevó al recuerdo de un señor llamado Pancho Moreno que me dijo que me parecía a unos que tenían un bar en alguna calle que está entre Cuauhtémoc y Pino Suárez. Pienso que más que encontrarme parecido a alguien se agüitó porque saludó a todos menos a mí (porque no nos conocemos nada más por eso) y por no dejar se inventó la historia. Eso me imagino yo.

Piensa en mí cuando sufras… cuando llores… también piensa en mí… cuando quieras quitarme la vida no la quiero para nada, para nada me sirve sin ti…

Esta canción la pusieron aproximadamente seis veces. Hubo protestas pero al señor no le importó. Hasta la gritaba con emoción para naaada me sirve sin tiiii… He de confesar que una de las últimas veces que la escuché me conmovió. Pero ya lo contaré más adelante.

Escándalo (Algo de suerte)

Después de un rato pusieron una canción que se llama Escándalo que dice no hagas caso de la gente, sigue la corriente y quiéreme más, que si esto es escandaloso es más vergonzoso no saber amar… Prefiero la versión de Marco Antonio Muñiz pero la que pusieron no estuvo mal.

Esa canción me hizo voltear a las paredes. No tiene nada de escandaloso pero antes había carteles o pósters de mujeres en bikini. Todavía quedan algunas pero las han ido quitando. En los espacios que han ido quitando los han ocupado con imágenes de los Beatles y de Jim Morrison. La que más me gustaba ver era a Heather Thomas. Ahora solamente queda una foto de ella. Antes tenían unas tres. También había uno de Maribel Guardia. Con ella, con ese póster, sucedió algo bien raro cuando Monterrey perdió la final contra Pumas. Por casualidad me senté en todos los partidos (los últimos seis o siete) pegado o enfrente de su imagen y Monterrey ganó siempre. Los partidos que perdió, los de la final, fueron los que vi en mi casa y por supuesto sin esa foto de la Maribel. Si fuera supersticioso diría que Monterrey perdió por mi culpa y por Maribel Guardia. Sería chistoso llegar alguna vez y decirle Maribel me caes mal porque por tu culpa perdió el Monterrey…

Rocky

Como ya mencioné en la televisión muda están pasando Rocky III y ya amenazaron con que sigue Rocky IV. Así, entre cheve y cheve, descubrí que tengo el mismo problema que Rocky (cuando lo noquearon en la III): tengo miedo. No tengo una esposa, como el personaje, que me diga que nunca me ha visto rendirse y eso me quebró. Tan alegre que estaba todo y por la película me puse triste. Efecto indeseado de la cheve a veces. Esa frase me llevó al sexto año y a la analogía chafa que hiciera (después) en donde la física hace las veces del campeón y mi rol es de retador. Mis aventuras decepcionantes de México y San Luis representaron dos visitas a la lona. El tercer round duró, igual que en la película, un montón. Al igual que en todas las películas de Rocky terminé madreado muy madreado.

Tal vez deba explicar que en sexto año vi Rocky IV y me marcó. ¿Por qué si lo tumbaban mil veces no se rendía? Puede ser que no sea el mejor ejemplo a seguir, y menos siendo un personaje de ficción, pero en el peor momento me aferré a eso. Daré información de más. Aprendí por ejemplo que no debo decir que algo me está costando un huevo pues de repente me empezó a doler uno. Ese malestar me duró un año. Se siente bien culero. No puedes estar sentado ni de pie ni acostado. Cualquier posición es incómoda. Cuando todo terminó, y ni siquiera puedo decir que haya ganado por nocaut, quedé muy jodido. Me quedó tos de fumador y no fumo, me salió un absceso en el cuello que nadie se atrevía a abrir y quitar todo de una vez (ganglios infartados o algo así). Me quitaron todo con medicamentos muy fuertes y sacando líquido una o dos veces por semana. Mientras tanto yo escribía mi tesis –los capítulos más “oscuros”, por así decirlo, los escribí en esa época- y todo el mundo me pedía paciencia y en el fondo empezaba a sentir que esto era más grande o más fuerte que yo. Claro nada más a mí se me ocurre ponerme en una situación así cuando bien pude tomarlo como una bendición y llevármela con calma pues no estaba becado y nadie me apuraba. Fue algo insoportable porque sentía la mirada burlona que me insinuaba te voy a volver a tumbar ,y de repente, como en la canciones de Caifanes, en una de esas caídas, ya no me iba a volver a levantar porque estaba muy cansado. ¡Tan cansado estuve que durante la defensa de mi tesis casi me quedo jetón!

Para acabar con esta parte puse la canción de Santana llamada Soul Sacrifice. Acabo con esta rola para contar que precisamente cuál es el miedo. Me costó mucho trabajo terminar el doctorado. Terminé jodido y eso es lo que me da miedo. Si le sigo, ¿cuánto me va a costar? ¿Qué nuevo dolor me va a dejar?

Nota: Además de los recuerdos la canción de piensa en mí no me ayudó mucho que digamos. En el tiempo que me tardé en escribir esa parte la pusieron tres veces seguidas.

¿A qué sabe tu olvido?

La intención original era la de contar algo completamente distinto. La película, las rolas y las cheves me llevaron por un camino inesperado. Admito que dos o tres veces se me salieron las lágrimas. Hubo un momento en que solamente nos quedamos dos –un señor que una vez le pidió al Silver, el de la barra, que le diera un foco. Nunca supe para qué lo quería-. Un ratito después llegaron otros dos. Su cotorreó fue diferente porque más que poner canciones en la radiola cantaron. La última que les oí cantar fue la de Tómate esta botella conmigo, y en el último trago nos vamos, quiero ver a que sabe tu olvido…

Me salí con la intención de comerme un bistec ranchero en el café Brasil así que ya no supe en qué terminó todo.
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Salud

Como un intento por revivir este blog copio (perdón por no poner nada nuevo) algo que escribí en junio:

Hoy me gustaría escribir sobre los pistos más tristes. Me gustaría escribir sobre esas cervezas azorrilladas que nadie quiere, sobre esos pomos que alguien echó a perder por dejarlo abierto y ahora tiene una colilla de cigarro o una mosca; sobre esos pistos que tienen la elaboración o los ingredientes perfectos pero la combinación no fue la adecuada -no hablo de los intomables porque esos tienen su propia personalidad-hablo de los que sigues la receta pero que algo les quedó mal; hablo de esas aguas locas que fueron hechas con harto carño y dedicación para emborrachar a los invitados pero son despreciadas...

Antes de irme quiero decir una bienaventuranza: bienaventurados los pistos que sí empedan.
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Confesión II

Tardé en darme cuenta que ya estoy en el punto donde necesito ayuda. Debido a mi naturaleza tímida se me dificulta ir con algún amigo o amiga para contarles lo que me pasa. Siento que mis problemas son ridículos y que por sentirme el ombligo del universo, si acaso lo tiene, resolverlos es algo importantísimo. Por eso debo confesar que pensé en escribirles una carta a los profetas de la felicidad. Lo pensé pero nunca hablé ni escribí nada.

A pesar de no haberme atrevido a enviarles nada para mi sorpresa una vez mi caso salió al aire. Estos grandes metafísicos son tan cabrones que pueden incluso contestar cartas de personas que les escribieron pero que no les enviaron...esto me pasó a mí. Supongo. En fin, lo que quiero contar es lo que dijeron en su programa al aire:

"Estimado amigo espiritual. Le agradecemos que nos escriba. Sé muy bien que está desesperado y que quiso enviarnos una carta pero debido a que usted, querido hermanito mío atraviesa por una etapa de falta de confianza, usted, sí usted, no mandó. Quiero decirle que he estudiado grafológicamente su carta y he podido darme cuenta que sí, querido amigo, que a usted le han hecho una maldad, un salamiento. Créame que usted nació para ser feliz y ser exitoso en la vida También quiero decirle que usted no debe preocuparse por saber acerca de la curvatura del espacio ni tampoco, estimado amigo debe preocuparse por saber si se restaura la simetría quiral. Nosotros estamos aquí para ayudarle. Nuestros mentalistas también pueden observar que se preocupa por saber si subirá el cartón de cheves. Para resolver esto, querido amigo lo invito a que nos visite, si es posible hoy mismo, para ayudarle a resolver este problema de la quiralidad y de la curvatura del espacio porque poseemos los conocimientos, tenemos la sabiduría para ayudarle y para quitarle el salamiento. Ahí, cuando usted nos visite, le diré quién tuvo la mala intención de salarlo.

Agradezco su interés y que haya participado en este programa. Recuerde que sus amigos de los profetas de la felicidad lo invitamos a que nos visite para ayudarle a resolver sus problemas, porque estimado amigo, tenemos los conocimientos necesarios y porque el poder de Dios es infinito. Que Dios me lo bendiga y esperamos verlo pronto."
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Beto

Todo el rato que estuve en el bar, y luego cuando visité a una amiga, pensé que si alguien me preguntaba mi nombre y a qué me dedicaba iba a contestar que me llamo Beto Zaragoza y que canto boleros...
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Cerebro

Beto está aplicando un examen. Todo ocurre normalmente incluyendo a los que siempre intentan copiar. No está bien que una alumna quiera copiar -piensa Beto, sin embargo, le alegra que lo intente porque así tiene un pretexto para voltear a verla.

De repente el ruido de un talandro (o de algo parecido) interrumpió la solemnidad (¿solemnidad?) del momento. En lugar de molestarse, Beto imagina, que lo que suena es el cerebro de un estudiante y le resulta gracioso imaginar que en cualquier momento verá el humo saliendo de la cabeza al sobrecalentarse el motorcito...
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La historia de un perro

Les comparto una historia que escribí para una clase (que dizque para fomentar la "flexibilidad mental")

Tengo sueño. Me dejaron solo en casa y tengo hambre. A veces me desespera estar así porque quiero jugar pero no hay nadie. Extraño mucho a Totito (¿le apodan el chicle? Jaja). Lo extraño tanto que voy y me quedo en un rincón de la casa y no me muevo de ahí. Como también siento sed voy al baño y como está abierta la puerta puedo entrar a tomar agua. No me gusta tomar de ahí pero a él se le olvidó dejarme... ¡lo bueno es que alcanzo! Sería un problema si fuera del mismo tamaño que mi primo el chihuahua. Se enoja mucho conmigo cuando le pregunto sino se ha encontrado a su Paris Hilton jaja. Se enoja porque dice que le molestaría que le pusieran guantecitos o botitas en las patas. O sea goei mi primo el chihuahua es cero fashionista goooeeeiiiii. Fuera de bromas debe ser emocionante tener una dueña como ella pues dicen que le gusta divertirse mucho.

Me acordé de mi primo y me puse de buen humor. Ando tan de buenas que me puse a ladrar y a correr así nada más por puro gusto. Ojalá regrese pronto Totito para poder jugar aunque sea un rato.

Cuando ya estaba por quedarme dormido tocaron el timbre. Les ladré bastante porque a quién se le ocurre venir a esta hora. ¿Qué les costaba esperar a que volviera Totito? Me fastidié mucho porque ya se me estaba olvidando que traía hambre.

Ya que se me empezó a pasar el coraje se me ocurrió ir a buscar algo de comer a la basura. Sé que me van regañar pero por más que huelo en otros lugares de la casa no encuentro nada. Me da miedo que se enojen pero tengo mucha hambre. Ni modo, al rato cuando lleguen voy a tener que poner mi carita triste... ¡¡ojalá se conmuevan y no me regañen porque acabo de tirar todo lo que había en el bote!!
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Confieso (o confesión feliz)

Confieso que leí mi horóscopo. No soy muy creyente de estas ondas pero de vez en cuando lo hago por curiosidad, diversión o quizá para cubrir mi cuota necesaria de superstición, fe o lo que sea. El caso es que decía que éste era un tiempo excelente para hablar de corazón a corazón con quienes, los sagitario, hemos tenido diferencias o problemas. Por eso anoche cuando Elizabeth me llevó una cerveza a mi mesa le dije que me llevara un tequila... Y sí, le abrí mi corazón y le pedí dsculpas. Le dije "sabes que te aprecio y te considero mi amigo. Te pido disculpas por aquella borrachera y por haberte guacareado. Sé que te sentiste denigrado pero a veces no puedo con la acidez. Te pido perdón por esa ofensa, por esa guácara. Te pido perdón por haberte denigrado de ese modo."

El tequila no dijo nada pero me acompañó en el brindis. Se dejó tomar como antes como cuando éramos amigos. Nos caímos bien otra vez.

Cuando me tomé el quinto caballito de la noche le agradecí a las estrellas por haberse conjuntado así y permitirme volver a contar con la amistad de mi querido tequila. Al final le di un ligero golpe en la mesa así como cuando te despides de un buen cuate con un fuerte abrazo o palmada en la espalda.

Me sentí feliz.
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Una historia sin título

Según Beto no la iba a volver a buscar. No obstante, terminó yendo como siempre. Apenas aguantó dos semanas sin verla. Todo comenzó porque la anterior vez que se vieron ella armó un megapancho. Un Don Francisco. Ella estaba inconsolable por la muerte, en un accidente, de sus padres. Era una situación muy triste realmente. Además andaba peda. Mientras ella lloraba y le reprochaba que no había ido antes a verla, Beto pensaba que no había manera posible de enterarse si no le avisaba. En algún punto ella, en su borrachera, le cambió las cosas y la culpa de todo la tenía él. Nada más faltó que dijera que sus papás se murieron por su culpa.

Ese cotorreo en el que andaba ella le llegó a fastidiar. Como excusa para irse rápido le dijo que le dolía el estómago y aparte tenía trabajo que hacer, que la buscaba otro día. Ella desde hacía rato ya sólo repetía y repetía "se murieron mis papás, mi papá y mi mamá... no importa". Después que decía no importa lloraba más, se limpiaba las lágrimas, hacía un esfuerzo para dejar de llorar y luego decía que tenía que ser fuerte. "Porque no importa Beto... voy a ser fuerte". Enseguida ella le preguntó: "¿te duele mucho el estómago?, ¿te duele?, ¿sí? ¡¡¡Pero no tienes más dolor que yooooo!!!" Claro, él no tenía más dolor que ella. Se desesperó todavía más de lo que ya estaba cuando ella volvió a lo mismo: "No importa. Se murieron mis papás... No importa". Al verla como intentaba secar sus lágrimas Beto se prometió que no la volvería a ver...

Pero volvió. Durante las semanas que estuvo sin verla ni saber de ella se sintió culpable por su falta de sensibilidad o empatía o lo que fuera. Lo raro es que cuando se volvieron a ver se abrazaron y besaron como si nada hubiera pasado, como si nada hubiera sucedido.

Fue muy extraño porque ella lo recibió más cariñosa y efusiva que de costumbre. Le dio gusto ver a Beto. Ese día Beto no supo porque la fue a buscar. Internamente se burlaba de sí mismo porque si estuviera enamorado al menos tendría esa excusa pero no lo estaba. Como la encontró más cariñosa en lugar de pensar prefirió dejarse querer...
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Pregunta

Escribo esta entrada porque quiero saber su opinión acerca del uso de un blog para mis clases (aún no defino si lo usaría en todas o sólo para empezar en una o dos). Mi intención es que los alumnos abran un espacio en el que puedan reflexionar o anotar alguna idea comentada en clase, etc. Me gustaría que fuera un lugar en el que se pudieran retroalimentar entre ellos (este sería el caso ideal supongo) También yo abriría uno pero la onda no es volver a dar toda la clase, quizá poner algo extra o un video o algo así. Ustedes qué opinan, creen que pueda funcionar algo así?

Este espacio no es para preguntar este tipo pero mientras se me ocurre otra cosa (en realidad he estado pensando en utilizar herramientas como los blogs y la verdad es que aún no sé si comenzar todo en enero o ir un poco más despacio con esto).

En fin. Espero que la pasen bien, que les den muchos regalos (o abrazos si no son materialistas!) y si se emborrachan inviten!! (bueno mi estómago no anda muy bien pero bueno).
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El foco de las jarras

-Oye, préstame el foco. De repente oí esa frase mientras de fondo la radiola tocaba una rola que me desespera (casi siempre la ponen). El señor de la barra no se sorprendió ante semejante petición. Le dio un foquito (o al menos eso vi desde la mesa) y le cobró no sé cuánto... ¿Lo habrá pedido para ver las rolas de la radiola? No sé. Originalmente pensé que lo había usaría para ir a cagar pero no se ocupa en realidad... ¿o sí? Vio la radiola y luego se sentó en su lugar. ¿Usaría el foco para algo?

Mientras eso ocurría la musa de las cheves cantaba, la rola mal viajante, en la mesa que está justo enfrente de la radiola. Esa mesa estaría justo enfrente del tan añorado póster del "ay mamita". Uno de los que está en esa mesa se llama Pancho Moreno. Sé su nombre porque una vez me saludó y me dijo su nombre. No hemos vuelto a saludarnos. Ese día estábamos como cuatro weyes (incluyéndome) en el bar. Fui porque quería hacerme pendejo hasta las doce y media (pero eran apenas las once) pero la verdad es que no aguanté mucho rato. El caso es que PM llegó saludando a todos menos a mí como es natural pues no me conocía. Luego se dio cuenta que no me saludó y se regresó a decir hola... Después salió con que yo le parecía conocido (¡de ahí de dónde más!). Me preguntó si yo no era familiar de unos tipos que tenían un bar por... alguna calle perpendicular a Cuauhtémoc que no pudo recordar. Se fue triste cuando le dije que no. También yo me quedé triste porque estaría a toda madre tener familiares con un bar; ahora me pongo triste por el bar la ronda. Un día como hoy lo extraño un chingo. Sería a toda madre que tuvieran un bar no para que me fiaran sino para... no sé, sólo creo sería chingón. Aunque nunca se sabe porque a lo mejor no me dejan entrar por panchoso o pipa.

El señor del foco gritó algo que no entendí. De fondo se oía una canción que dice forever young (no es la de Rod Stewart). Después comenzó una rola del rey, mientras el señor volvió a gritar -"Silver me voy a tomar otra..." Silver debe ser el de la barra. Tantos años yendo y apenas me entero que le dicen Silver. Al fondo Elvis cantaba because I love you too much baby, y eso debió inspirar al señor del foco de pedir otra tecate (bien helada supongo) porque ya había pagado.

-¿Y tus amigos?- preguntó la musa de las cheves. Antes de que dijera algo ella se contestó sola "te dejaron solo pero está bien, así haces la tarea". Me dio risa porque yo estaba apuntando algunas de las cosas que estaban pasando en ese momento. También le podría haber dicho que ya estaba peor que el personaje de la novela Extraña forma de vida, aunque viéndolo bien si le hacía justicia porque estaba espiando todo lo que sucedía ahí. Recordé que ella siempre sale con esas mamadas cuando me ve con un libro o con una hoja y todo porque una vez hice la tarea y ya por eso siempre hago la tarea... Luego me reí más porque un camarada le contó a otros cuates que desde que me cerraron el vips yo leía y estudiaba en bares! Lo contó así por la historia que le platicó Beto de el hombre de la biblia.

Pedí otro tarro y me fijé por curiosidad hacia donde estaba el señor del foco. Cuando vi que seguía pidiendo tecates vi y oí que el que estaba emocionado por la música en ese momento era Pancho Moreno. Ver su reacción me hizo pensar que ya era hora de que yo también pusiera las rolas que mis camaradas y yo solemos poner. Por ejemplo, esa bonita canción de Leonardo Fabio que se dice "ella, ella ya se orinó..." (la versión comercial fue la de ella ya me olvidó). Mientras me animo a romper la monotonía se escucha la de "piensa en mí" (la verdadera versión dice piensa en six). Lo que no me cayó bien es que luego de piensa en six volvimos a los Beatles. ¿No se saben otras? Esa la puso uno que trae los colores del Boca y un mechón rubio. Me recuerda no sé porque al Boca del Bambino Veira en los 90. Ese Boca traía a Canniggia, Maradooo (¡que ya deje la selección!) y hasta a Luis Hernández. Todos ellos trajeron mechones rubios... a lo mejor por eso me acuerdo de ese Boca.De la rola de los Beatles le siguieron con esa onda pero más agradable. Siguió Lennon y nos cantó "you may say Iam a drinker but I'm not the only one I hope some you join us..." La mejor de las canciones que escogió el que parece que le va a Boca fue la José Luis Perales. Casi la canté de emoción. Casi voy a saludarlo y decirle gracias por poner esa canción. Pero no lo hice tarareé en secreto la rola, sobre todo cuando dice "y te has pintado la sonrisa de hasta al chiz (¿chis?) y te has tomado el pomo que te regaló y aquel tequila que nunca estrenaste (¿tomaste?) lo estrenas hoy y sales calle buscando alcohol". De verdad que nada más faltó la de Ella es así de Emilio Navaira para hacer un momento de máxima felicidad.... ja.

Después todo lo que me pasó fue por no hacerle caso a la musa de las cheves. Me dijo "cuídate vete con cuidado porque ya viene el agua". Pero no, yo no le creí.
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El hombre de la Biblia

Me salí de mi casa a caminar. Luego fui a leer y a tomarme unas cheves a las jarras. La verdad es que ni leí ni escribí casi nada. Me la pasé bien. Después que salí de ahí empecé a caminar rumbo a Madero y ahí fue cuando empezó el desmadre. Di con un lugar en el que pensé que estaba trabajando Víctor. Entré nada más a decirle "gracias carnal por haberte salido del casca.... gracias a ti Mafer me dejó de hablar". Lo que pasó fue que Mafer, según ella siempre perdía mi número (y su celular), y como medida desesperada un día le dio el teléfono a Víctor. Como a él le convenía que fuera, lo consideraba una inversión supongo, le prestaba su celular y ella me hablaba.Pero no estaba, Quizá era otro lugar. Lo raro es que para cuando me di cuenta ya tenía en mis piernas a una chava que dijo llamarse Fernanda. "¡¿Fernanda?! ¿No te quieres llamar de otro modo", le pregunté. "No, así me llamó", dijo. Me recordó el problemón en el que nos metimos por culpa de una Fernanda el año antepasado un camarada y yo. Sucede que al final de cuentas nos sacaron del lugar a él por miar en la alfombra y a mi por guacarear... Esa fue una mala noche porque mi camarada terminó en el bote. Pero esa es otra historia.El chiste es que Fernanda seguía de bailar. Me salí antes de que se bajara. Le seguí en otro lugar llamado Lancelot (siempre me he preguntado qué diría Lancelot si supiera que su nombre iba a servir para el nombre de un teibol). Ahí fue cuando llamé la atención. No la buscaba pero la conseguí. Me empezaron a tirar carro porque "el camarada de los lentes no aplaude". Después me mandaron saludos que porque "al camarada de los lentes le gusta leer cuentos". ¿Quién me mandó saludos? Misterio. Para esto debo mencionar que andaba con una antología de cuentos que se llama "Los mejores cuentos mexicanos edición 2003". Lo compré el domingo en el Fondo de Cultura, el que está a dos o tres cuadras de Bellas Artes, por Lázaro Cárdenas. Lo compré porque uno de los cuentos es de un cuate. Su cuento lo leí en el café de tacuba, el que está a un lado de la estación Allende... ¿hay otro? Como ya dije me salí con la intención de leer en las jarras. No leí pero anduve cargando el libro. Lo que no sé es cómo supieron que eran cuentos...Me salí y crucé la calle. Entré al Bar Internacional. Ese Bar es el mismo en el que oí a la Sonora Dinamita en Semana Santa. No había nada. Bueno había música pero mejor salí a buscar un taxi que me llevara al Sabino. "Es martes y no debe de haber tanta gente", pensé.

Y así fue. No había mucha gente. Lo mejor de todo es que me encontré a Nelly. Con ella ya había bailado antes y la invité a bailar de nuevo. Me preguntó si yo iba seguido y como respuesta le dije que ya había bailado con ella. "Ah, es que tu cara ya la había visto". Mientras estábamos en esa conversación, esperando a que empezara la siguiente canción, llegó un vato a preguntarme si no quería pedir una canción. Le dije que no pero no se fue. Se quedó viendo el libro y me preguntó: "¿qué lees, la biblia?" No, es un libro de... y le enseñé el libro. Él me dijo que hacía no mucho rato había entrado un tipo a querer vender biblias... Así quedó. LUego Nelly siguió con el tema. Me dijo que le caía bien, que era buena onda, sensible (¿de dónde sacó que era sensible? ¿por el libro?) y honesto... No sé cómo sacó esas conclusiones pero estuvo chido porque se me pegó más. Me contó, a continuación una anécdota de alguien que entró a vender biblias y que les decía que ellas se iban a ir al infierno. No le entendí a lo demás porque había mucho ruido. Nada más le dije que sí y ella se quedó contenta... Siguió hablando pero no le oía nada.Un ratito después el mismo wey se acercó otra vez. Me dijo "oye hombre de la biblia, de veras no quieres una canción?" ¡Cuál Biblia!, le dije. Se rió bastante y se fue. En eso Nelly acercó su boca a mi oído y me susurró:" estoy segura que ya te pregunté cómo te llamas pero no me acuerdo... ¿cómo te llamas?" "Me llamó Beto", le contesté. "Ah, pues me caes muy bien Beto".Después volvió el otro cabrón para decirme lo mismo: "oye hombre de la Biblia, ¿no quieres una canción'". Pero esa última vez no necesité contestarle yo pues Nelly le dijo que no, que no quería pedir canciones. Estuve a punto de decirle que tuviera cuidado porque si seguía fastidiando las amigas de Nelly lo iban a agarrar a putazos. Sin embargo, no le dije nada porque pensé que ese no era un comentario apropiado para un hombre de la Biblia...
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Tatuajes

El sábado le repetí a Valeria que me gusta su barbilla. Se quedó seria un momento y luego exclamó -"¡hey! Yo creía que eras el único que tenía gustos raros (gracias... aunque no se cómo explica que ella me gustara porque si soy raro me gustan cosas raras ¿no?) pero conocí a un tipo que hace tatuajes que me pidió que mirara los talones de una chava que pasaba por ahí porque le gustaban". Su explicación era que le gustaban "chiquitos y rositas". Francamente no me los puedo imaginar. ¿Cómo son los talones chiquitos y rositas? No me acuerdo porque salió el tema de la barbilla... Tal vez fue cuando ella pidió que le contara algo y yo salí con la brillante idea de las barbillas. Bueno... en las cosas que se fija uno.

Vi que tenía algunos tatuajes y le pregunté si le habían dolido (ya los había visto antes pero me animé a preguntarle apenas hasta el sábado). Para mi sorpresa dijo que sí. Siempre me había tocado que me dijeran que no, quizá para hacerse las (os) interesantes. Me contó que los que más duelen son los que se hacen en la calle. Admito que no le gustó mi chiste: “¿en qué parte del cuerpo queda la calle?” – “No menso, no hay ninguna parte del cuerpo que se llame calle... ya decía yo. Confieso que que me dieron ganas de salir corriendo para buscar a Elena y preguntarle rápido Elena rápido, creo que hay una chava que me está choreando, dice que los tatuajes más dolorosos son los que se hacen en la calle: ¿dónde queda eso? Si Elena, tú que sabes anatomía dime… No Elena, no me veas así, ni me preguntes ¿perdón? Aclárame tú que sabes, ¿en qué zona del cuerpo queda la calle? Claro como era muy pendejo mi chiste preferí quedarme ahí con Valeria y contestar...ya lo decía yo.

Me abstuve de contarle una historia del brasileño Rubem Fonseca en donde una novia le pide, al protagonista del relato, como prueba de amor que se tatuara su nombre (María Auxiliadora) en el pito... ni siquiera cuando dijo “ de verdad, los (tatuajes) de la calle se siente como si te arrancaran la piel con una ficha”. Luego tomó, muy sonriente una ficha de la cubeta y me preguntó “¿te hago uno?”. Le contesté que no y de paso le dije que al menos no estaba tomando sol ¡porque la cerveza sol nos une! (y luego que no veo televisión)

Lo mejor de todo fue nunca lo planteó como una prueba de amor.

Luego rompió la magia del momento cuando se cayó mientras caminaba al baño. Para levantarla fue un pedo mundial porque no quería ayuda ni mía ni de ninguna otra persona y como traía falda abría las piernas y enseñaba todo (¿todo?)... bueno, aunque fue divertido no hizo nada más que confirmar que si fuera normal no me hubiera fijado en ella.
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Hacienda del refugio

Los taxistas son la neta. En una ocasión después de pasar casi toda la noche con Mafer traía impregnado el olor de su perfume en mi ropa. Traía el olor al perfume, a humo y al pisto. Mafer se agandalló el taxi al que yo le había hecho parada. Así, medio fastidiado, fue que me subí a ese eco.

Al sentarme me sentí muy cansado. El aire que entraba por la ventana me adormeció. Al chofer por platicar me preguntó si iba a trabajar. ¡Así como andaba! No sé porqué se le ocurrió que en lugar de ir a dormir iba a trabajar. Le seguí el juego y le contesté que sí, que iba al trabajo. Por la ubicación, por el lugar donde le pedí que me dejara, se imaginó que trabajaba en la hacienda del refugio… Otra vez le seguí el juego y le contesté que sí.

El problema comenzó cuando me preguntó de qué trabajaba ahí. Se me ocurrió decirle, inventarle, que jalaba de mesero. Se complicó la historia porque él había trabajado ahí y quería saber detalles. Que si el gerente todavía era fulano de tal y que si todavía se porta mamón. Me hice wey al principio pero acabé contándole que era nuevo y que apenas iba conociendo a todos. Todos me parecían buenas personas incluso el gerente mamón… También le dije que por nuevo y por tener mala memoria aún no me sabía los nombres de todos.

El señor quería saber más. Pero no le dije gran cosa. Evité contestar cosas que me comprometieran. Según yo… andaba pedo y lo más seguro es que no lo haya conseguido. Cuando llegamos me dejó mero enfrente. Vio sentada a una señora y me dijo el nombre. Me platicó que cuando el trabajó ahí ella ya estaba. Le gritó hola desde el carro pero la señora no le contestó. Supongo que no lo reconoció. Yo me bajé y para disimular dije buenos días. Ella apenas contestó mi saludo. El señor le seguía gritando pero no lo reconocía. Caminé al extra pero estaba cerrado y eso me sirvió de pretexto para cruzar la calle rumbo al seven. Durante el tiempo que tardé en cruzar la calle ¡el señor se quedó ahí afuera del restaurante!

Se mamó.
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Una aventura en el DF

- Qué bueno que te encuentro. Le dijo Beto a un camarada. Tengo que contarte algo. Fui al df y me pasó algo muy cabrón, bueno no tanto pero si se pudo poner feo. Supongo que algún día lo voy a recordar como una experiencia muy divertida. Mientras tanto no sé ni a quién contarle lo que me pasó. Lo más cabrón de todo es que no pasó gran cosa pero no dejo de sentirme mal. Lo que sucedió es que hice pendejadas, sólo a mi se me ocurre ir a téibols (y es que fui a varios) y sólo además. Me quedé sin lana. Pero creo que las cosas las debo de contar desde el principio.

Fui a la boda de una amiga. Todo estuvo bien pero fue algo incómodo andar en esa celebración solo. Las bebidas había que pedirlas y no, no sé no me quise poner pedo. Es más cuando empezaba a sentirme medio entrado pedí café. Le paré al alcohol. Sé que soy un exagerado porque no estuve solo, estuve acompañado por otros cuates, pero la neta no me sentía bien. Algo me faltaba. No puedo decir que fuera precisamente una chava tampoco. Simplemente no andaba bien. Al regreso nos dejaron a un cuate y a mí en el auditorio nacional. De ahí tomamos el metro y me bajé en una estación que ya no me acuerdo cómo se llama. Lo que sabía era que tenía que caminar rumbo al monumento de la revolución… Me perdí. Pasé entre varios puestos y me desorienté bien cabrón. Pero cabrón. Ese camino lo he andado varias veces pero quién sabe qué me pasó. Olvidé el rumbo. Compré una revista y le dije bajito al wey que me cobró “carnal aliviáname, ¿para dónde está el monumento?” Me sentí más ridículo porque tenía que caminar derecho ahí de donde estaba pero la multitud… ¿o sería el alcohol?

Ya en el hotel me desesperé mucho. Era sábado a las nueve y media y yo en mi hotel. Hice una llamada desesperada pero mi cuate no pudo ir a verme. Para intentar calmar mi ansiedad fui al bar del hotel. Pedí una cerveza. Cuando me la llevaron me salieron con la novedad de que cerraban a las diez. ¡A las diez! Me dijo el mesero, “si jefe ¿cómo ve?” Yo lo veía de la chingada claro. El único pinche bar de la ciudad que se cierra temprano me cae… Les menté la madre, le pedí que contara cuántos tipos estaban en la otra mesa (eran cuatro) y que me llevara una cerveza por cabrón…

-¡¡Pero jefe cerramos en quince minutos!!
-Perdona carnal pero estoy acostumbrado a que mi mesa sea la más atascada…

Total me terminé la cerveza en esos quince minutos. Salí mareado la verdad. Antes de salir les pedí que me llevaran a un téibol. Resultó que había uno a media cuadra y ahí fue donde empezó el desmadre.

Al principio todo estaba de poca madre. Llegando dos chavas se sentaron conmigo. Había otra en otra mesa. Nadie bailaba. Luego cuando pedí una cerveza me comentó el mesero -“No jefe, hubiera usted venido ayer. Estuvo lleno y el ambiente se puso chingón. Hoy la verdad es que está de hueva”. Según el mesero sólo habían ido a trabajar cuatro bailarinas. Dos de ellas estaban conmigo. Después del comentario pedí la cuenta me salí pensando que andaba salado y que el desmadre me andaba sacando la vuelta. Al salir me encontré con una señora que me preguntó si me había gustado el lugar. Como dije que no me prometió que me llevaba a uno mejor… De wey dije que sí.

En ese otro lugar la onda era más fresona. Me encontré con una chava buenísima. Hey no te rías, es cierto que andaba pedo pero estaba buena… Está bien reconozco que en mi peda se veía bien buena. De ahí sólo me acuerdo que nos llevaron a un privado y que me quitó los lentes. Me acuerdo que la vi desnuda y que tenía la piel muy suave. No era la típica bailarina que se hecha el frasco del perfume teibolero (¿por qué todas huelen igual?). Estuvo un buen rato conmigo. No sé qué tanto le dije. Recobré un poco la conciencia cuando me dijo ”bueno ahorita nos vamos ya me toca la salida” . Luego hasta a Monterrey se quería venir… Cuando se fue a cambiar me di cuenta que no traía puestos los lentes. Me puse a buscarlos y no los encontraba. En mi desesperación subí a los privados y ahí me ayudaron a buscarlos. Al bajar me topé con la chava otra vez y me dijo que como no me vio pensó que ya me había ido. Le pregunté por mis lentes y ahí fue cuando se cayó todo el numerito pues resultó que los traía en la bolsa del saco (todavía traía puesto el saco del traje). Según ella me avisó que me los iba a poner ahí. Todo terminó con una frase contundente: Mejor vete a dormir, ya andas muy pedo.

Pero no me fui a dormir. Afuera estaba la señora que me llevó ahí. Se ofreció a llevarme a otro mejor. Acepté. En el camino me desorienté más todavía. No tenía ni la mejor idea de por donde andaba. En ese téibol no estuve sentado un minuto pues me fui a un lado de la pista y me la pasé bailando con cada chava que se subía. Todas se la curaban de mí pero me seguían el juego. El problema fue cuando me llevaron la cuenta me quisieron cobrar ¡¡dos cervezas a 100 pesos!! No hubo manera de convencerlos que no me tomé la segunda… es más ni la pedí. Había una cerveza en una mesa pero yo juraba que no era mi mesa. Ni estuve ahí. Total que llamaron al encargado y se puso todo peor cuando me di cuenta que sólo traía cincuenta varos. ¡Me quedé sin dinero! Me hicieron un pancho espectacular (con razón supongo). Les dije que había dado depósito en el hotel y que con esa lana les pagaba.

Antes de llevarme al hotel me hicieron que fuera al cajero. Si tenía dinero pero no podía sacarlo (tenía como 80 pesos algo así). Quién sabe qué tanto estuvo averiguando con otros weyes el que me llevó al hotel. Mientras él hablaba me quedé a un lado de un vendedor de hot dogs. Me dio hambre pero no traía dinero. Se me ocurrió decirle que si le podía pagar con una medallita. No quiso por supuesto. Ni siquiera cuando le dije “en serio, es milagrosa…” Pero nomás no quiso venderme uno.

En el hotel el que estaba encargado me regañó y me dijo que cómo era posible que un chavo tan guapo fuera a lugares así, etc., etc. Después de un rato me preguntó si andaba caliente, si andaba cachondo… me dijo que si andaba caliente ¡el me daba una mamada! No mames… Después de toda la aventura, encima de todo este wey me ofrecía una mamada… El acoso se puso cabrón cuando me fue a tocar la puerta de mi habitación con el pretexto de si no quería que me despertaran en la mañana. ¿No se usa el teléfono para eso?

La neta si me quedé preocupado. Casi ni dormí. Al hotel llegué a las seis y me desperté con un dolor de cabeza espantoso a las nueve.

Eso me pasó. ¿Cómo ves? No es gran cosa pero si me sacó de onda lo del cabrón del hotel y ese pedo que me quedé sin dinero tampoco me gustó. Claro, si hubieras ido la cosa se hubiera puesto más cabrona pero no fuiste. A ver si la próxima vez si te apuntas y armamos un desmadre más divertido.
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Todos somos mingos

Beto llegó desesperado al bar y se sentó en una de las orillas de la barra. Pidió una cheve y se clavó en sus pendejadas de siempre además estaba enamorado estúpidamente y quizá por lo mismo no le hacían caso. Encima no podía dormir. La vida se le iba de las manos y decidió ponerse a pensar ahí. Según él decidiría cosas importantes... Según él.

Era una de esas tardes calurosas del verano de Monterrey. Ahí en el bar se sentía un poco el calor pero era más agradable estar ahí que afuera. Sacó una hoja para dízque ordenar sus pensamientos. Se sentía raro escribiendo en la barra pero así estuvo entretenido durante una hora. Se entretuvo escribiendo una mini historia sobre su amor no correspondido y la llamó Disparo de nieve (a propósito de Ojalá canción de Silvio Rodríguez). No le salió bien porque no se podía concentrar. Entre otras cosas porque se levantó varias veces al baño y puso tres veces la canción the crying game y luego se desvió del tema para anotar que tal vez el único crying game era la vida misma... su vida.

Una de las costumbres de Beto al escribir es la de anotar entre paréntesis lo que va pensando o que oye. Así durante ese rato apuntó: "¿y ese cabrón de qué se ríe?" "Sí, están muy divertidos pero no quiero enterarme de lo que hablan", etc. Hubo otras interrupciones pero la más molesta fue cuando llegaron cuatro personas y se sentaron en la barra. Dos de ellos estaban pedísimos, otro se veía dos tres y el otro se veía como si nada como si acabara de empezar la borrachera. Esa persona llegó saludando al cantinero.

Beto siguió escribiendo fastidiado. "¿Por qué tuvieron que sentarse en la barra?" Se preguntó. Cualquier cosa que hacían le caía mal. Llegaron echando desmadre y él buscaba tranquilidad... en un bar claro.

A pesar de todo las cosas iban bien. Puso por cuarta vez the crying game y volvió a clavar la mirada en la hoja hasta que de repente oyó que le hablaban. Al principio se hizo pendejo pero terminó por atender por las reacciones raras que se pueden llegar a tener andando en el estado que andaba el otro. Volteó cuando le decía el señor:

-Disculpe que lo moleste pero lo he estado viendo desde acá y quiero decirle que tiene bonita letra.
-¿¡Bonita letra!? Beto contestó fastidiado y dudo si tenía que decir gracias ante semejante comentario.
-¿Qué escribe? Insistió el señor queriendo platicar.
-Pendejadas, señor. Estoy escribiendo puras pendejadas.
-¿Puedo ver la hoja?

Beto con delito, pues acababa de escribir "¡estos cuatro CABRONES no se callan!", le contestó que no porque eran puras pendejadas.

-No, no. No quiero leer sólo quiero ver la letra.
-¿La letra?

Beto terminó mostrando la hoja. El tipo comprobó su idea acerca de la bonita letra. Algo les dijo a sus cuates pero no le hicieron mucho caso. El único que mencionó algo fue el que se veía fresco. Habló nada más para decirle que le invitaban una cerveza. Le pusieron dos y así de repente ya debía dos (significa que tenía dos pendientes). Al borracho que decía que Beto tenía bonita letra se le ocurrió la brillante idea de que le escribiera un mensaje a sus hijos. El propósito del mensaje era mostrarles que había conocido a un wey con bonita letra...

Beto se me imaginó escribiendo por ejemplo "que dice su jefe que no valen madre". Luego pensó que era mejor idea admitir que no sabía qué frase apuntar. Había muchas opciones varias de las que le pasaron por la mente fueron: "Dame un punto de apoyo y moveré el mundo" o "Sólo sé que no sé nada". Otra opción era una variación de lo que le decía Pinky a Cerebro: ¿y qué vamos a pistear esta noche Cerebro? La peor que se le ocurrió fue: a cada simetría le corresponde una cantidad que se conserva...

El señor estuvo un buen rato meditando acerca de la frase que quería que le escribiera en un pedazo de papel. Mientras tanto Beto se emparejó con la cerveza pero al bajar su envase le llegó otra. Contestó la cortesía invitando una ronda para todos. Así ya todos debían al menos una cerveza más. El señor que no se veía pedo le habló. Quería saber si era la primera vez que iba al bar y que qué le parecía. Antes que contestara puso rolas de los Beatles. Cuando regresó de poner las canciones Beto le contó que no era la primera vez que iba y para demostrarlo le habló del póster de Air Supply y de Janis Joplin que están arriba de la barra. Y que el dueño es tigre y también le va a sultanes. Después le dijo que echaba de menos la foto del ay mamita.

Después salió el tema de por dónde vivían. Uno de los que andaban pedos se ofendió cuando Beto no supo exactamente donde quedaba su colonia. Se dirigió al otro y le dijo "así son éstos... pero como uno es sucio..." ¿Sucio? Beto nunca entendió a qué se refería. Le mentó la madre y se puso agresivo. Su cuate (el que no se veía pedo) lo intentó calmar pero no se le bajaba. Siguió repitiendo que todo era porque él era sucio...

Como medida desesperada por calmarlo Beto pidió otra ronda. Tomó rápido y pagó otra. Al borracho agresivo se le acumularon tres más. Cuando se acabó la segunda Beto puso una rola del Binomio y luego pagó otra ronda. Su idea era rolar al agresivo. A los diez minutos lo consiguió. Después el otro wey decía que le daba verguenza y que no iba a volver a llevarlos ahí. Enseguida se jeteó el otro que andaba pedo y nada más quedaron el que parecía que no andaba pedo, el que decía que Beto tenía bonita letra y Beto.

Justamente en ese momento de tranquilidad fue cuando el señor dio con la frase que quería que le escribiera a sus hijos. Después de mucho pensarlo le dictó lo siguiente:

"Hijos

Ustedes son mingos.
Quieran y respeten a su madre"

Ya que Beto lo escribió se quedó contento. Le dispararon otra chela ya cuando Beto se quería salir. Él ya estaba desesperado porque el plan original era estar hasta las doce y luego ir a un téibol. Ya era la una y media y no se podía salir.

Se despidió de ellos porque según él tenía un compromiso. No lo dejaron irse hasta que no lo hicieron prometer que si se los encontraba en la calle no iba a ser cabrón y que los iba a saludar....
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